Enfermedades Desde el Punto de Vista de un Paciente

"Mi pueblo perece por falta de conocimiento; y como tú rechazaste el conocimiento, yo te rechazaré a ti de mi sacerdocio; por haber olvidado la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos" Oseas 4:6

Aprendamos a comer

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Aquí Abundante consejos para comer mejor sin contaminarnos y nutrirnos mejor.

No para de salir en la publicidad anuncios de Pediasure, un suplemento indicado para niños según ellos “Malcomedores” (hasta han registrado esta palabra) y se justifica el uso del producto diciendo que uno de cada dos niños dejan comida en el plato. Así, plantean la solución que trae de cabeza a muchos padres: el producto que hace que tu hijo esté correctamente nutrido aunque “no coma como tiene que comer”.
 

Que, cuando, y como empezar la alimentación complementaria en bebes

¿Qué es la alimentación complementaria?

También se conoce como Beikost y es la etapa en la que el bebé comienza a ingerir alimentos distintos de la leche materna, o en su defecto, de la leche artificial. Es una etapa de transición hacia la alimentación de la familia. Es importante saber que estos alimentos complementan la lactancia, pero no la sustituyen, ya que la leche debe seguir suponiendo la principal fuente nutritiva del niño durante este período. Y así lo indican entidades como la Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría o la Asociación Española de Pediatría. De hecho ya lo indica el nombre alimentación “complementaria”, es decir, complementa a la lactancia, no  la sustituye.

Así que es importante que los bebés sigan tomando leche materna a demanda (o, en su defecto, artificial) durante el periodo de alimentación complementaria. Los alimentos complementarios, se ofrecerán después de la leche.

¿Cuándo se debe iniciar la alimentación complementaria?

Alrededor de los 6 meses (aproximadamente), ya que hasta esa edad, los bebés deberían tomar leche materna de forma exclusiva (o artificial, en su defecto) como único alimento o bebida. Es conveniente demorar la incorporación de la alimentación complementaria hasta (aproximadamente) el sexto mes porque ello asegura el óptimo crecimiento, el desarrollo y la salud del niño. Esto es particularmente relevante si la incorporación temprana de la alimentación complementaria contribuye a disminuir las tasas de amamantamiento o bien, su abandono precoz.

Sin embargo, según datos de la Organización Mundial de la Salud solamente el 35% de los bebés de hasta 6 meses es amamantado de forma exclusiva.

¿Cómo podemos saber si nuestro bebé está listo para iniciar la alimentación complementaria?

  • Si se sienta (con apoyo) y mantiene la cabeza erguida.
  • Si coordina ojos, manos y boca para mirar al alimento, cogerlo con las manos y ponérselo en la boca.
  • Si es capaz de tragar alimentos sólidos, es decir, que no los empuja instintivamente hacia afuera con la lengua para evitar atragantarse (el llamado reflejo de extrusión)

Es raro que estos signos aparezcan antes de los 6 meses y es sobre esa edad cuando los niños empezarán a manifestar interés por la comida, aunque habrá ciertos bebés que no estarán listos para aceptar alimentos hasta los 8 meses.

Hay que destacar también que las tablas de los percentiles de crecimiento, aunque son útiles para vigilar el desarrollo del bebé, no sirven para orientar acerca de cuándo debe incorporarse la alimentación complementaria.

¿ “Alimenta” menos la leche que las clásicas papillas o potitos?

Esta es una creencia habitual y totalmente errónea. Este tipo de papillas aportan unas 50 kilocalorías por cada 100 gramos, menos que las cerca de 70 kilocalorías que aporta la leche, sea humana o artificial. Es por ello, entre otros motivos, por lo que entidades como la Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría o la Asociación Española de Pediatría consideran importante que los bebés sigan tomando leche materna a demanda (o, en su defecto, artificial) durante el período de alimentación complementaria.

¿Cuáles son los riesgos de incorporar alimentos antes del sexto mes?

Pese a que hay algunas directrices que señalan que existen algunos bebés que podrían estar preparados para digerir alimentos complementarios a partir del cuarto mes, los riesgos de su incorporación superan cualquier posible beneficio.

De entre dichos riesgos destacan, además de un posible desplazamiento de la lactancia materna, las alergias alimentarias, la obesidad o incluso un mal desarrollo neurológico del lactante.

Además, la Academia Americana de Pediatría reveló en 2012 que los bebés amamantados de forma exclusiva hasta los 4 meses presentan un mayor riesgo de enfermedades respiratorias del tracto inferior, otitis media y diarrea que los amamantados de forma exclusiva hasta los 6 meses o más y que el riesgo de neumonía en dichos niños se multiplicaría por cuatro.

Entonces… ¿Por qué es tan habitual que se inicie la alimentación complementaria antes de tiempo?

Los motivos más habituales son por las creencias al respecto por parte de la pareja y/o del médico (pediatra) y por la disponibilidad de alimentos comerciales para bebés en el entorno de la madre a consumir a partir de los 4 meses.

Es por todo esto por lo que se deberían realizar campañas gubernamentales dirigidas a que los bebés se alimenten de forma exclusiva hasta su sexto mes  y que estas campañas no deben dirigirse solamente a los padres, sino que han de convencer también a los profesionales sanitarios, así como limitar la publicidad de comida diseñada para menores de 6 meses.

Además, para facilitar que las madres puedan combinar la lactancia con una alimentación complementaria adecuada, debería existir, además, un mayor apoyo laborar, sanitario, familiar y social.

¿En qué orden se deben introducir los alimentos?

Pues bien, aunque a muchos les sorprenda, el orden de incorporación de los alimentos en la etapa de alimentación complementaria no es relevante y así lo indican tanto la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN) como la Academia Americana de Pediatría.

De hecho, en un estudio realizado en 22 ciudades europeas, se comprobó que el calendario de introducción de alimentos que se proponía era totalmente distinto en cada una de ellas.

Lo verdaderamente relevante es que la introducción de los nuevos alimentos se realice deforma gradual para poder comprobar la tolerancia del bebé al nuevo alimento. Si reacciona con síntomas como una diarrea severa, vómitos o erupciones, es necesario acudir al pediatra. Si al día siguiente de incorporar el nuevo alimento, el bebé sigue bien, se introduce el siguiente alimento.

¿Y qué pasa con los alimentos potencialmente alergénicos?

Según una revisión publicada en 2010 no existen evidencias científicas que justifiquen demorar la incorporación de alimentos potencialmente alergénicos, y ello incluye los cereales con gluten que se pueden incorporar desde el inicio de la alimentación complementaria, aunque, como con el resto de alimentos, conviene hacerlo poco a poco y en pequeñas cantidades, ya que una gran cantidad de gluten, si se trata de la primera vez que el bebé se expone a él, aumenta el riesgo de enfermedad celiaca en niños genéticamente predispuestos.

¿Se puede incluir entonces cualquier alimento a partir de los 6 meses?

Sí, salvo algunas excepciones de alimentos que no se deben introducir en este períodocomo:

  • Alimentos sólidos que puedan ahogar al bebé, como frutos secos, cerezas, uvas enteras, aceitunas enteras…
  • Lácteos bajos en grasa. Hasta por lo menos un año, el bebé seguirá tomando leche materna (o, en su defecto, artificial). A partir del año, o bien continuará con la lactancia materna o tomará leche entera normal y corriente u otros lácteos. Los lácteos bajos en grasa no se recomiendan antes de los dos años.
  • Bebidas sin valor nutritivo: bebidas azucaradas, café, alcohol, té…
  • Infusiones y  miel. Porque su consumo aumenta el riesgo de botulismo.
  • Alimentos que contienen sustancias de riesgo:
    • Pez espada, tiburón, lucio, atún rojo. Se desaconseja el consumo de estas especies de pescado hasta que el niño tenga por lo menos 3 años y aun así, se debe consumir un máximo de 50 g a la semana de uno solo de ellos. Esto es porque estos peces acumulan una alta cantidad de mercurio, un metal pesado que puede provocar alteraciones en el desarrollo neuronal de los niños.
    • Cabeza del marisco (gambas, langostinos, cigalas…) y cuerpo de cangrejo o crustáceos similares. A lo largo de toda la infancia se desaconseja que los tomen de forma habitual, ya que presentan una elevada cantidad de cadmio, un metal pesado que tiende a acumularse en el organismo, principalmente en el hígado y el riñón, y su alta ingesta puede causar disfunción renal y desmineralización ósea, entre otras afecciones.
    • Espinacas y acelgas (solo en pequeñas cantidades). No conviene incluir estas verduras antes del primer año de vida y si se hace, no deben suponer más del 20% del total del plato, ya que estas verduras son ricas en nitratos que nuestro cuerpo transforma en nitritos, que cuando alcanzan altas concentraciones, pueden llegar a afectar a bebés, sobre todo si en esos momentos están pasando una infección bacteriana.
    • Animales cazados con munición de plomo. Los niños menores de 6 años no deberían consumir carne procedente de animales cazados con munición de plomo, porque los fragmentos de plomo no pueden eliminarse con total seguridad y los niños son más sensibles a los efectos perjudiciales de este metal pesado.

Y otros alimentos que se deberían limitar (cuanto menos mejor) en esta etapa, como:

  • Productos comerciales especialmente diseñados para bebés. El uso de estos productos puede demorar la aceptación de la dieta familiar por parte del niño, ya que los sabores y texturas son diferentes y se puede producir un futuro rechazo de la alimentación de la familia.
  • Azúcar y alimentos azucarados como galletas, bollería, repostería, cereales azucarados, cacao en polvo azucarado, fruta en almíbar, postres lácteos azucarados…
  • Grandes cantidades de sal o productos salados como embutidos, quesos, conservas, aperitivos como patatas fritas o “gusanitos”… ya que el 70% de los niños de 8 meses toma más sal de lo recomendable.
  • Zumos. No se debe tomar más de medio vaso al día, aunque sean caseros, por el riesgo de caries, insuficiencia de crecimiento y la obesidad. La fruta ha de consumirse entera, sin exprimir ni licuar. Aunque sí se puede asar o cocer, por ejemplo.

¿Qué textura deben tener los alimentos que introducimos?

La sugerencia habitual es comenzar por alimentos de transición (purés, triturados, semisólidos) e ir cambiando las texturas hasta acabar por comer igual que los demás miembros de la familia, con adaptaciones menores.

Sin embargo, actualmente se está investigando acerca de una propuesta de alimentación complementaria llamada “baby-led weaning” lo que sería algo así como “alimentación complementaria dirigida por el bebé” o “alimentación complementaria a demanda”, que consiste en no preparar al bebé papillas especiales, triturados o purés, sino alimentos cortados en pedazos pequeños para que él mismo lo pueda coger y llevárselo a la boca.

Según el reconocido pediatra Carlos González, “se evitarían muchos problemas si desde el principio evitamos los triturados y los purés, y dejamos que el bebé coma por sí mismo, dejando que se lleve la comida con la mano a la boca y que haga lo que quiera: un trozo de pan, unos fideos, trocitos de albóndiga, de plátano… Y empezando así evitan muchos problemas porque el niño come normal desde el principio y así no pasa, que cuando tienen 2-3 años siguen queriendo solo papillas y que si encuentran un trozo sin triturar le dan arcadas”. 

¿Cuál es la cantidad que deben comer para estar bien alimentados?

Las conductas coercitivas para que el niño coma lo que sus padres consideran que debe comer, son totalmente desaconsejables, ya que generan resistencias, aversiones y desequilibrios, no solo psicológicos sino también fisiológicos. Este tipo de conductas, al afectar negativamente a la capacidad innata que tienen los niños para regular su consumo de calorías, multiplican por cinco las posibilidades de que el niño padezca obesidad en la edad adulta.

Se deben de respetar siempre las señales de hambre y saciedad, que son los únicos indicadores que determinan la cantidad que el niño debe comer. Los niños varían las calorías que comen en distintas comidas, y los ambientes negativos a la hora de comer se pueden traducir en que los niños acaben tomando un modelo de alimentación insano, que puede continuar en la edad adulta.

Los estudios demuestran que los niños cuyos padres utilizan prácticas de alimentación centradas en el control externo regulan peor las calorías que ingieren que los niños a los que se permite que coman acorde a sus preferencias y sus señales internas de hambre y saciedad.

Así, cuando los niños comen la cantidad que quieran del alimento que quieran, sin que ningún adulto intente controlar su ingesta (los mayores comen solos y a los más pequeños se les da de comer hasta que cierran la boca), su crecimiento es normal y su ingesta de nutrientes, adecuada a medio plazo, aunque las variaciones de una comida a otra son tremendas. Así, los niños comen a veces muy poca cantidad y otras veces mucha, y pasan rachas en las que comen solo uno o dos alimentos durante días, para luego olvidarlos. De una u otra manera, al final se las arreglan para consumir una dieta equilibrada.

En resumen, cuando se deja comer a los niños lo que quieren, ingieren una cantidad de calorías bastante constante cada día, aunque las variaciones de una comida a otra son enormes. La responsabilidad de los padres se limita a poner a disposición del bebé cuando tiene hambre una variedad de alimentos saludables. La responsabilidad de elegir de entre esa variedad de alimentos saludables y decidir la cantidad que ingiere de cada alimento, no corresponde a los padres, sino al hijo.

Mitos sobre alimentación en el deporte

Como en todos los ámbitos de la alimentación, el mundo del deporte no es una excepción y circulan muchos mitos, algunos de ellos muy arraigados que se difunden mediante el boca a boca. Analizaremos algunos de los más habituales.

  • Cuanta más proteína tomemos, más musculatura ganaremos

Según el artículo “Necesidades proteicas de los deportistas y pautas dietético-nutricionales para la ganancia de masa muscular” no hay evidencia científica de que sea necesario tomar más de 1,6-1,8 g de proteína/kg de peso al día para ganar musculatura. Varios trabajos coinciden en que al consumir dietas que aportan más de 2,4 g/Kg, se aumenta la oxidación de aminoácidos sin que se observe un incremento adicional de biosíntesis proteica, aún con un entrenamiento adecuado de fuerza. Otros autores señalan también que no es necesario tomar más de 2 g de proteína/kg de peso al día, ya que no presenta ningún beneficio frente a dietas con un contenido menor y entre otros perjuicios, aumenta la excreción urinaria de calcio, pudiendo producir efectos no deseables a medio-largo plazo.

Por ello, no tiene sentido que centremos únicamente nuestros esfuerzos solo en el consumo de proteínas ya que el consumo total de energía (calorías) es determinante en el resultado. Una dieta con un ingesta moderadamente hipercalórica (de unas 500 kcal por encima de nuestro gasto calórico) y un aporte de 1,6-1,8 g de proteína/ kg peso al día (según modalidad deportiva, destrucción muscular generada, masa muscular del atleta y el estado de los depósitos de glucógeno) es la mejor forma de ganar musculatura, debido a que para sintetizar más tejido muscular es necesaria una cantidad adicional de energía (calorías).

En conclusión, hay que tomar las proteínas justas (no por tomar más el efecto es mayor) y más calorías de las que se gastan, ya que por mucha proteína que tomemos si no llegamos a ingerir las calorías que necesitamos, no nos servirá de nada y si nos pasamos con la cantidad de proteínas, no aumentaremos más musculatura que tomando las proteínas justas y sí puede tener repercusiones sobre la salud a medio-largo plazo.

  • Es siempre necesario que tome más proteínas de las que como si quiero aumentar mi musculatura, a base de aumentar los alimentos proteicos de mi dieta y de tomar suplementos de proteínas

Si bien es cierto que las necesidades proteicas de los deportistas son superiores a las de las personas sedentarias, son muchos los casos en los que no es necesario recurrir a tomar mayores cantidades de alimentos y/o suplementos proteicos, ya que, con nuestra dieta habitual y con una adecuada periodización, los requerimientos proteicos para la ganancia de masa muscular suelen verse alcanzados y en muchos casos superados. Así que no siempre es necesario tomar más proteínas de las que se tomaban antes o consumir un suplemento. Los suplementos se utilizan cuando la alimentación no se hace suficiente y para eso, debemos saber primero cuantas proteínas ingerimos con nuestra dieta habitual y no tiene ningún sentido suplementarse por norma sin saber si necesitamos el suplemento o no o qué cantidad necesitamos.

Según la última encuesta ENIDE el consumo medio de proteínas en  los hombres españoles es de 110 g/día y en mujeres es de 90 g/día. Además, en algunos estudios realizados con deportistas que practican fitness o culturismo, su ingesta de proteínas de origen alimentario se situaba por encima de los valores anteriormente comentados, lo que indica que la toma de suplementos de proteínas no supondría una ventaja adicional, si ya con su alimentación superaban las necesidades de proteínas necesarias para la hipertrofia.

batido proteínaAdemás, el hecho de que el ser humano no disponga de un tejido que permita grandes reservas de aminoácidos produce que un exceso de proteínas (> 2 g/kg/día) pueda dar lugar, mediante procesos de desaminación y transaminación, a un aumento del peso corporal en forma de masa grasa. Este exceso puede conducir, además, a la deshidratación precoz por el aumento de cuerpos cetónicos y de urea en sangre.

Y cabe citar también, que según el consenso FESNAD-SEEDO, 2011:

“España es actualmente uno de los países de Europa donde más proteína se ingiere.De entre los riesgos de potenciar el consumo de proteínas cabe citar la existencia de datos que asocian su alta ingesta con un mayor riesgo de padecer osteoporosis, cálculos renales, insuficiencia renal, cáncer o enfermedad cardiovascular”

Es muy frecuente que, al analizar la alimentación de los deportistas que necesitan ganar masa muscular, después de un periodo de inactividad tras una lesión, en pretemporada, etc.  centren sus esfuerzos en comer muchas proteínas, superando mucho las recomendaciones y que se queden cortos con la calorías totales y con la cantidad de carbohidratos, imprescindibles para mantener las reservas de glucógeno llenas, algo que es fundamental para que las necesidades proteicas sean menores.

Así, para estimular la síntesis proteica y, por lo tanto, aumentar la masa muscular, es importante la cantidad y el tipo de hidratos de carbono consumidos, la justa ingesta de proteínas, el tipo de proteínas y el momento de su consumo.

Para terminar, pondré un ejemplo práctico. Un hombre que pese 80 kgs y necesite ganar musculatura, deberá ingerir 500 kcal más de las que gaste (habría que calcular su gasto energético particular, aunque es poco probable que en un hombre deportista baje de las 3000 kcal) y entre 128-144g de proteínas. Pues bien, os pongo un menú que ya aporta esa cantidad de proteínas y que sin embargo, se quedaría corto con las calorías y con los hidratos de carbono. Así que en este ejemplo no sería las proteínas lo que tendríamos que aumentar. Fijaos que fácil sería cubrir esa cantidad de proteínas que necesitaría:

– Desayuno: Un tazón de leche. Pan con aceite de oliva y una loncha de jamón serrano

– Media mañana: Un yogur desnatado

– Comida: Un filete grande de pechuga de pollo a la plancha con un plato de arroz.

– Merienda: Un minibocata de queso fresco. Una fruta.

– Cena: Tortilla francesa de 2 huevos. Ensalada. Un trozo de pan. Una fruta.

  • Para aumentar la masa muscular es bueno tomar claras de huevo crudas

1. Si tomamos el huevo crudo su proteína es menos digerible y perdemos gran parte de ella, por lo que si nuestra intención es tomar buena calidad de proteínas, estamos haciendo justo lo contrario.

Claras de huevo2. Una vez calentado el huevo, se desactivan las sustancias “antinutrientes” que impiden que podamos disponer de sus vitaminas, minerales y nada que moleste a nuestra tripsina pancreática para poder digerir y absorber toda la proteína del huevo. Por ejemplo, el huevo contiene una sustancia denominada avidina, que actúa como antinutriente, puesto que bloquea la absorción de la biotina (vitamina B8) y puede originar una deficiencia vitamínica que se ha detectado en culturistas que toman abundante clara cruda para incrementar su masa muscular. El tratamiento térmico habitual en el cocinado del huevo provoca la desnaturalización de la avidina y permite que la biotina quede disponible para el organismo.

3. La presencia de Salmonella en los huevos es común y el cocinado siempre supone una barrera de protección frente a esta bacteria, por lo que tomarlo crudo es una práctica de riesgo queinvita a una salmonelosis.

En resumen, peor digestibilidad, menos absorción de nutrientes, menos acción de nuestras enzimas digestivas y mayor riesgo microbiológico. Y aún por encima, con un sabor nada agradable, por lo que no hay ninguna ventaja en comer huevos crudos en comparación con comerlos cocinados

  • La L-Carnitina es un “quemagrasas”

Para empezar, decir que nuestro organismo fabrica L-Carnitina de forma natural a partir de dos aminoácidos (lisina y metionina) y que tenemos reservas de L-Carnitina en varios tejidos de nuestro organismo. Y además de poder fabricarla, la consumimos en alimentos como carnes, pescados y lácteos.
La L-Carnitina en nuestro organismo se encarga detransportar un tipo de ácidos grasos hacia el interior de la parte de la célula donde estos ácidos grasos se oxidan (“queman”) para producir energía (la mitocondria), es decir, es un transportador que interviene en el proceso de obtención de energía a partir de las grasas.  Por esta razón, los fabricantes de complementos incluyen L-Carnitina en la composición de sus productos, usando como gancho publicitario “quemagrasas”, y lo justifican porque la L-Carnitina interviene en el proceso de producción de energía a partir de las grasas.

Pero que sea fundamental en el proceso de oxidación de las grasas, no quiere decir que sea lo que lo provoque, ya que es un transportador y no un “quemador”. A día de hoy no hay evidencias científicas  de que el aporte de L-Carnitina acelere el consumo de grasa ni en reposo ni durante el ejercicio. Os pongo un símil que usaba mi compañero de profesión, Juan Revenga: “No por tener más bolígrafos, escribiremos más rápido, lo que necesitamos es tener más manos”.

Según el Consenso de la Federación Española de Medicina del Deporte (FEMEDE) sobre ayudas ergogénicas, actualmente no hay trabajos que evidencien que la suplementación con L-Carnitina durante el ejercicio aumente el consumo máximo de oxígeno, mejore la oxidación de ácidos grasos, ahorre glucosa o retrase la fatiga muscular.  Y suplementarse con L-Carnitina tampoco afecta a la recuperación más rápida de la fatiga muscular posterior al ejercicio ni a la reparación del tejido muscular esquelético ni al aumento de capacidad de resistencia ni al metabolismo energético según este informe de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

En resumen, que a pesar de que muchos suplementos deportivos contengan L-Carnitina añadida, a día de hoy hay una falta de evidencia científica que permita asegurar que la L-Carnitina sea eficaz para quemar grasas y en consecuencia, perder peso.

  • Para perder grasa corporal es mejor tomar leche sin lactosa

La lactosa es un disacárido (un azúcar), que cuando llega al intestino es hidrolizada por una enzima (la lactasa), que la “rompe” en sus dos componentes (glucosa y galactosa), para poder ser absorbida.

Las personas con intolerancia a la lactosa, no poseen cantidades suficientes de esta enzima (lactasa), lo que hace que la lactosa queden en el intestino sin poder absorberse pudiendo producir molestias como hinchazón, gases…

Mucha gente saca la conclusión que si la lactosa es el azúcar de la leche, si tomamos leche sin lactosa, estaremos reduciendo nuestro consumo de azúcar. Sin embargo, esto no es así ya que a las leches “sin lactosa” no es que se les haya extraído ésta, sino que le han añadido lactasa a la leche (la enzima que la digiere y que los intolerantes tienen en menor cantidad) y por lo tanto, la lactosa se encuentra ya “predigerida” en glucosa y galactosa y por lo tanto, su contenido calórico y nutricional es idéntico a las otras leches.

  • Sudar adelgaza

No, mediante el sudor perdemos agua y sales minerales y por eso se puede pesar menos justo después de una sesión de ejercicio. Pero hay que reponer ese agua y esas sales, bebiendo agua o bebida isotónica según la duración y las condiciones del ejercicio. Se recomienda beber un 150% del peso que hayamos perdido.

Sudar es un mecanismo que se utiliza para mantener la temperatura corporal, que aumenta durante el ejercicio. La grasa no se elimina mediante el sudor, si no que se “quema” para obtener energía y el ejercicio nos ayuda a consumir más energía.

Así que ni la sauna sirve para adelgazar, ni pasar calor mientras se hace ejercicio, ni el que más suda es el que más calorías consume. El mecanismo que nos hace sudar y el que nos hace obtener energía a partir de las grasas son independientes, así que no te abrigues mientras haces ejercicio con el fin de sudar más y bebe de forma continua para estar bien hidratado.

¿Que se debe hacer y que no se debe hacer tras los excesos navideños?

Os dejo un vídeo de una entrevista donde comento qué se debe hacer y qué no se debe hacer para adelgazar, ya que por estas fechas, proliferan todo tipo de dietas y supuestos productos o tratamientos “adelgazantes”.

La entrevista está en gallego, ya que fue realizada en una televisión local, pero creo que se entiende perfectamente.

Comentar también, que con respecto a cuáles son las pautas para perder peso de forma saludable y mantenerlo después, se quedaron casi todas en el tintero, ya que por cuestiones de tiempo la entrevista tuvo que avanzar.

Igualmente, espero que os sirva de ayuda.

http://www.youtube.com/watch?v=j8Ii6HhCM9E&feature=c4-overview&list=UUJhZ6kRLEOROJPQQiD5j-Cg

El plátano no engorda

Cuántas veces habré oído frases del estilo:

¿Pero puedo comer plátano? ¡¿Pero si el plátano engorda?! Me encanta el plátano, pero me privo para no engordar. ¡No puede ser una buena dieta si te deja comer plátano!. El plátano tiene mucho azúcar…

¿Te suenan, verdad?

El  tema del plátano es uno de los mitos alimentarios más extendidos y la recomendación de limitar el plátano si existe sobrepeso se difunde incluso por parte de algunos profesionales sanitarios. Así que para no repetir esta explicación  cada vez que escucho a alguien decir alguna de esas frases, lo voy a explicar en este post.

Para hacerlo más fácil de entender, compararé el  plátano con otra fruta que creo que está exenta de mitos  y que casi todo el mundo considera más saludable: la manzana (aunque podía haber elegido para este ejemplo cualquier otra fruta).

¿Cuántas calorías aporta un plátano y cuántas calorías aporta una manzana?

Consultando la “Tabla de Composición de Alimentos” de J. Mataix podemos comprobar que 100g de plátano aportan unas 85 kcal y 100 g de manzana aportan unas 46 kcal. Así, si nos quedamos solo con esta información, muchos pueden deducir:  ¡El plátano tiene el doble  de calorías que la manzana!

(Antes de nada, hay que tener en cuenta que nuestro gasto energético se encuentra en una media de 2000-3000 kcal diarias, excepto en deportistas que puede ser mayor).

Pero hay un matiz importante, no estamos comparando cuántas calorías aportan un plátano y una manzana, sino cuántas calorías aportan 100g de plátano y 100g de manzana. Entonces…

¿Cuánto pesa un plátano y cuánto pesa una manzana?

He ido a mi frutería y he comprado al azar tres plátanos y tres manzanas de distintos tamaños, que clasificaré como grandes, medianos y pequeños.

Si pesamos el plátano grande,  vemos que pesa 195 g y la manzana grande 268 g. Pero de esta cantidad, no nos comemos ni la piel del plátano ni el corazón de la manzana, así que para ser más precisos, vamos a ver cuánto pesa la porción comestible de un plátano y de una manzana grande.

Como se puede ver en las fotos, la porción comestible del plátano grande pesa 120 g y la de la manzana grande 227 g (¡Oh! ¡Pero si la manzana grande pesa casi el doble que el plátano grande!).

Haciendo un sencillo cálculo, si 100g de plátano aportan 85 kcal, el plátanogrande (120g) aporta 102 kcal. Y si 100g de manzana aportan 46 kcal, la manzana grande (227 g) aporta 104 kcal.”

(¡Anda!¡Pero si tiene prácticamente las mismas calorías el plátano grande que la manzana grande!)

Hay mucha mas información interesante de la fuente de información para quienes deseen profundizar de esta misma fuente, lo cual es importantísimo para una vida sana: aprende a comer . Recuerde que el mejor es invertir en salud, y comer sanamente es parte de una buena práctica de salud personal.

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Autor: fernandoariscoa

Soy Contador Publico de Profesión, pero siempre me sentí atraído por la medicina natural desde niño. Soy apasionado en temas relacionados con la medicina alternativa, medicina celular, sanaciones de enfermedades de cáncer, propiedades de productos naturales, etc.

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